De La Paz a Cochabamba en 16 Horas

Relato sobre el recorrido a través de la carretera alterna que une los departamentos de La Paz y Cochabamba.

Es un camino de innumerables curvas, que por momentos parece llevar a ningún lado. Así es la nueva ruta alterna que conecta los departamentos de La Paz y Cochabamba, que si bien se recorre en cerca de 16 horas —o sea más del doble del tiempo que se demora si se viaja por la carretera que pasa por Oruro—, ya se ha constituido en una vía para que agricultores de Mecapaca transporten su producción a las ciudades. Es una mañana agradable para viajar, ya que el sol ha vencido las alturas del Illimani y anuncia el momento de iniciar la jornada laboral. La misión es explorar la nueva vía hacia la capital valluna. “Decían que este trayecto era imposible, se esperó décadas y ahora, desde Río Abajo, pueden llegar sin problemas a Cochabamba”, declaraba, a finales de julio, Félix

Patzi, gobernador de La Paz, quien ataviado con guirnaldas hechas de frutas y plantas cortaba una cinta amarilla para inaugurar el camino entre Tirata y Zona Zona, en el municipio de Palca. Hace 12 años, la explosión de seis cachorros de dinamita en medio de un cerro dio inicio a un proyecto promovido por los entonces prefectos de La Paz, José Luis Paredes, y de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, con el fin de acortar el tiempo de viaje entre las dos regiones. Entonces se comentaba que el tiempo de recorrido iba a ser mucho menor que por el tramo original.

Es momento de comprobarlo: una camioneta blanca parte —a las ocho de la mañana— desde la cancha Zapata con destino a la Llajta. A esa hora, el tráfico está relativamente tranquilo, por lo que es sencillo cruzar la avenida Costanera, pasar por Mallasa, pagar el peaje de Bs 2 en Lipari y hacer aumentar el aire de las llantas en Huajchilla, donde termina la vía empedrada y comienza una superficie de tierra.

Carlos Poma, director del Servicio Departamental de Caminos (Sedcam) de La Paz, aclara que, en esta fase, el objetivo de la vía es que los pobladores de Río Abajo trasladen sus productos a La Paz y El Alto, “porque ese sector es la despensa de nuestro departamento”. El otro propósito es unir ambas regiones, aunque la autoridad admite que los recursos son insuficientes para mejorar el trazo y poner asfalto. “Si tuviéramos más dinero, en cinco a siete años podríamos habilitarla como carretera alterna, pero con lo que tenemos ahora tardaríamos entre 45 y 50 años para asfaltarla”.

El camino transcurre junto al río La Paz, que transporta el agua que ha cruzado por la sede de gobierno y que riega los campos de Avircato, El Palomar, Huayhuasi y Huaricana, tierras fértiles con plantaciones de nabo, acelga y otras hortalizas, donde sauces llorones crecen en filas rectas para evitar que el viento perjudique la producción. En el trayecto hay al menos ocho puentes de entre 4 y 100 metros, todos en buen estado.

“En época de lluvia el camino era feo, hemos perdido varios autos, ha muerto gente porque la ha arrastrado el río”. En la comunidad Tirata, Basilio Choque reúne el choclo que venderá después en La Paz. Él, su familia y sus colaboradores se encuentran a metros de una avenida larga flanqueada por maizales, cerca de un cartel que dice ‘Estadio Bolívar’, por donde se dirige el camino hacia Zona Zona.

Ahí, el trayecto es llano y la travesía transcurre tranquila, así es que se prevé que se llegue a Cochabamba sin muchos contratiempos. No obstante, ahí dejan de aparecer los minibuses de servicio público y empiezan las curvas inacabables.

A pesar de estar yendo hacia el valle, la ruta se ha convertido en territorio seco, con eucaliptos y cactus que intentan mejorar el paisaje. De repente, parece que los tres tripulantes de la camioneta son los únicos humanos en varios kilómetros, con excepción de un jinete que sube la cuesta de un cerro para vigilar su ganado.

En el ascenso serpenteante, el conductor tiene que estar muy atento al camino, pues una pequeña distracción puede ocasionar que el vehículo se despeñe varios metros. Las piedras anaranjadas en el riachuelo que baja de Milluni y algunas casas abandonadas hacen dar cuenta de la presencia de mineros cooperativistas en Laramcota, una comunidad a los pies del nevado ubicada a 4.370 msnm, donde hace poco ha pasado un tractor para habilitar el camino, así es que la travesía transcurre por barro y nieve que, derretida, confluye en lagunas de azul intenso.

Después de siete horas de viaje sobre tierra, la camioneta llega a Caxata, un pequeño poblado en el que por fin se puede ver a más personas y donde comienza un tramo asfaltado que conduce a las proximidades de Quime; de allí, el trayecto lleva a Inquisivi, capital de la provincia homónima, en la que policías que controlan la tranca confirman que esta es la ruta que lleva a la Llajta.

A esa hora, el sol ya está a punto de ocultarse y el vehículo continúa el periplo hacia Independencia, pueblo aparentemente cercano a la capital cochabambina. Con la noche asentada en la ruta, el camino se torna más inestable por las constantes curvas que rodean cerros y pequeñas poblaciones, como Sita, Lacalaca, Mulu Mulu y Yacupampa.

Con la ayuda del GPS, la camioneta arriba a orillas del río Sacambaya, el límite natural entre ambos departamentos. Ahí, minutos más tarde de las 20.00, el motorizado cruza la corriente baja, pero se queda atascado entre barro y arena movediza, en medio de nada. A pesar de estar acosados por cientos de mosquitos, los tripulantes caminan por el terreno inestable para buscar piedras y troncos que ayuden a superar el lodazal, hasta que, por fin, el viaje continúa a Cochabamba.

Cual si fuera el último sacrificio para culminar la travesía, las curvas se hacen constantes y mucho más irregulares, hasta que cerca de las 22.00 se llega a Independencia, y dos horas después a Morochata, donde el camino de tierra es más estable y amplio. A poco de haber retomado la travesía, entre dos grandes cerros se vislumbran las luces de Quillacollo; la camioneta avanza, pero es obvio que la urbe está más lejos de lo que parece; las curvas no parecen terminar, pero finalmente se arriba a la capital cochabambina minutos después de la medianoche.

Por obvias razones, se ha decidido que el retorno sea por el camino tradicional, en siete horas, a través del altiplano y por una vía asfaltada. Al salir de la Llajta, el conductor señala hacia los nevados y afirma —con tono de orgullo— que estuvo al otro lado de aquellos nevados y que experimentó 16 horas de viaje por la ruta alterna entre La Paz y Cochabamba. Toda una aventura.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

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